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El violento eres tú

El violento eres tú

La publicación de una serie de notas sobre la detención de un hombre en Roldán por un caso de violencia de género produjo múltiples reacciones en redes y portales de noticias. A la violencia del hecho en sí se sumó la violencia de los comentarios dirigidos no solo hacia el agresor, sino también hacia la

La publicación de una serie de notas sobre la detención de un hombre en Roldán por un caso de violencia de género produjo múltiples reacciones en redes y portales de noticias. A la violencia del hecho en sí se sumó la violencia de los comentarios dirigidos no solo hacia el agresor, sino también hacia la víctima. ¿El violento es siempre el otro? ¿Lo es solo el que golpea o mata? ¿O forma parte de un entramado social que legitima y reproduce esa violencia una y otra vez?

En la madrugada del 12 de enero, un vecino de Roldán llama al 911 para avisar que un hombre está golpeando a una mujer. La policía interviene y detiene al agresor. En el informe emitido posteriormente, la víctima asegura que su pareja la había rociado con nafta e intentaba matarla. El hecho se hace público a través de distintos medios locales y provinciales. No se trata de un caso más: es la tercera detención producida en la ciudad por violencia de género en lo que va del año. Y estamos a mediados de enero. Este dato, por sí solo, es contundente. Pero la situación se torna aún más compleja cuando la pareja del detenido desmiente, en otra nota, todo lo publicado sobre el hecho, cuestiona el parte policial, habla de “forcejeo” en lugar de violencia y defiende al agresor.

Por supuesto, en las redes y en los medios llueven comentarios. La cobertura periodística de los hechos de violencia suele provocar múltiples reacciones. Esta no es una excepción:

Por qué no ponen nombre y apellido de este hdrp!!! Y si es posible la dirección!

Hubieran aprovechado el bidón y lo rociaban al tipo, al fuego, listo, este no jode más

Ojalá lo hayan molido a palos al hdmp ese

En 30 días algún novio va a conseguir ahí adentro porque es sabido lo que les hacen a los machos en los penales

Al violento se lo castiga con violencia. Al violador, violación. ¿Dónde empieza y termina, realmente, el círculo de la violencia? ¿Empieza con el primer golpe? ¿Termina en la denuncia y en lo que “todos sabemos que pasa en la cárcel con estos tipos”? ¿La violencia es el problema, pero también la solución? Si las propuestas de castigo físico para sancionar el castigo físico no nos parecen, como mínimo, contradictorias, ¿cómo interpretamos la agresividad con que se juzga a la víctima, incluso desde los comentarios que pretenden “defenderla”?

Que te maten por pelotuda

No sé quién de los dos es más perverso, si el que agrede o el que parece gustarle que lo agredan

La próxima te mata. ¡Cuánta ignorancia!

Cuando te estén matando no esperes que nadie te auxilie. Una vez te pega, es culpa de él, la segunda ya es tuya x permitirlo

Lamentablemente a algunas mujeres les gusta eso

Tal vez no tiene independencia económica porque es más cómodo que la mantengan

Al final lo defiende. Es así de boluda”.

El tono de los comentarios se parece demasiado a una amenaza. Agostina Giaccaglia, coordinadora de la Oficina de Atención y Protección a Víctimas de Violencia en Roldán, señala: “Muchas veces, el abordaje desde los medios genera morbo. La mujer sigue estando cosificada, se la sigue viendo como un objeto y no como sujeto de derecho. Hay muy poca empatía”. Y agrega, en relación con este caso en particular: “Nosotros estuvimos trabajando en esta situación desde un primer momento, porque nos da conocimiento del hecho el comisario de la ciudad. Empezamos a intervenir como equipo local para tratar de contener y asesorar a la víctima. En este caso la propia víctima no aceptó la ayuda, pero esto se entiende por la situación en la que está inmersa, y al exponerla tanto y hacer tan público el hecho, solo se genera una vulnerabilidad mayor y una revictimización. Si no salimos a dar ningún comunicado oficial, ni a comentar que estábamos interviniendo y que nos manteníamos en contacto con la persona que sufrió este hecho de violencia, fue justamente para evitar esa revictimización”.

Parece que anoche hubo baile otra vez”, comentaba alguien, hace no más de tres o cuatro años, en una comunidad más pequeña que la de Roldán. De esa manera nos enterábamos de que en el pueblo había una mujer a quien su pareja golpeaba sistemáticamente. Porque todo se sabe. Y la reacción general parecía reducirse a aquella frase (“hubo baile”), acompañada de una risita incómoda. Hoy la propia policía sabe que la agresión física es el último eslabón de una cadena de violencias, que van desde lo económico a lo psicológico, desde lo simbólico a lo sexual. La mano que empuña el bidón de nafta, la que propina un golpe, es la materialización de una larga serie de gestos, amenazas y actitudes capaces de mantener a una mujer en estado de subordinación y dependencia. “El miedo, obviamente, es una característica que se impone con mucha fuerza en esta situación”, explica Agostina. “El trabajo que ejerce el agresor sobre la víctima es sumamente manipulador; el miedo termina paralizando por completo y como parte de esa manipulación convence de que no se puede hacer nada, de que no hay ninguna herramienta disponible, ningún otro espacio o persona que te puedan sacar de ese lugar. El factor económico es otro problema. Muchas veces, la persona que se acerca a hacer una consulta mantiene el vínculo por una dependencia económica, y lo que nosotros tenemos que tratar de hacer es generarle autonomía para que el conflicto económico no sea la causa de que esa persona termine atada a su pareja”.

La realidad que el análisis de la violencia de género destapa, o debería destapar, es la condición de desigualdad de la mujer. El término violencia vino a reemplazar lo que en la década del 70 se denominaba opresión. Detrás de la violencia hay una estructura de opresión y dominación. No se trata de un problema personal entre el agresor y la víctima, sino de un mecanismo mediante el cual reforzamos la desigualdad. Pero cuando hablamos de violencia, en lugar de opresión, necesitamos identificar a una víctima y a un victimario. Individuos que cumplan esos roles. Ante cualquier caso de violencia de género, la mujer ocupará más fácilmente el lugar de “víctima” si se muestra débil, inocente y vulnerable. Si se autodefine como víctima. Si se reconoce como tal y asume su posición de vulnerabilidad. Porque hay buenas y malas víctimas. La mala víctima será juzgada y cuestionada por los medios, en las redes, desde el ámbito judicial.

Por otro lado, necesitamos un culpable. Un victimario. Un monstruo al que señalar, castigar, aislar y repeler. El monstruo es un otro al que hay que aniquilar, no uno de nosotros, no un producto de nuestro sistema de valores. Es alguien a quien podemos culpar sin poner en cuestionamiento la naturaleza asimétrica de las relaciones de poder y la opresión estructural, que son la verdadera causa de la violencia. Sin ponernos en cuestionamiento como sociedad. Y sobre todo, sin reflexionar sobre nuestra propia función en la reproducción del ciclo de violencia. Por eso la necesidad de que se publique el nombre, por eso el “linchamiento” virtual.

Para la antropóloga Rita Segato, el hombre que no cumple con el mandato de masculinidad pone en riesgo toda su existencia. La masculinidad —el mandato por el cual los hombres necesitan ser dueños, apropiarse de algo, para demostrar su potencia— es un título que debe ser revalidado continuamente. Mientras las mujeres vivimos bajo una permanente sospecha de inmoralidad, el hombre está obligado a exhibir su potencia cuando su masculinidad se ve amenazada. La precarización de la posición masculina pone en cuestión esa potencia. En un sistema patriarcal, el hombre que no es dueño, que no puede ejercer su poder sobre un otro, pierde su posición masculina ante la mirada del resto. A ese hombre le queda el recurso de la violencia —sexual, física, bélica— para recuperar esa posición. ¿Cómo revertimos ese mandato, cómo rompemos el círculo de la violencia? Demostrando que la expresión de la potencia por medio de la violencia es una señal de debilidad. Aquel que usa el recurso de la violencia es un hombre frágil. Lo que se quiere exhibir como potencia es precisamente impotencia. Por eso la necesidad de exhibir, de mostrar, de espectacularizar.

Cuando, como sociedad, seguimos proponiendo violencia para el violento, violación para el violador y castigo merecido para aquella víctima que no rompa el vínculo o no pida ayuda, no hacemos más que reforzar el círculo de violencia y mantener a la mujer en situación de peligro. “En lugar de ponerse el énfasis en la gravedad de la situación y en la ayuda que una persona necesita, se la sigue poniendo en riesgo. Lo que queremos proponer este año es trabajar en la capacitación para que podamos empezar a deconstruirnos en serio, trabajar en la prevención y en la protección. La violencia está naturalizada. Pasa en el ámbito institucional, en los ámbitos de trabajo. Necesitamos una mirada integral hacia la mujer”, explica Giaccaglia.

Al Estado debemos exigirle estrategias preventivas, derechos que nos protejan antes de las sentencias. Pero también debemos apostar a la construcción por fuera del Estado, en nuestras comunidades, proponiendo otras miradas sobre nuestras propias formas de vincularnos y de resolver conflictos en lo cotidiano. Como plantea Ileana Arduino: ¿En qué se modifican nuestras posibilidades de ser más o menos libres si, por cada excepcional detención del protagonista de alguna forma excepcionalmente brutal de violencia, hay un sistema social, económico y cultural que reproduce sus posibilidades serialmente?

* La Oficina de Atención y Protección a Víctimas de Violencia forma parte de la Secretaría de Promoción Humana y Comunitaria de Roldán, y trabaja en coordinación con otras instituciones, como la Policía y el Centro Territorial de Denuncias. Funciona los días lunes y viernes de 7 a 17.30 h (hasta las 15 h en verano) y tiene una línea de guardia que atiende las 24 horas: 3412133023.

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