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Las tumbas negras del cementerio de Carcarañá

Las tumbas negras del cementerio de Carcarañá

* Nota de Martín Perisset Mayo de 1980. Son las seis y media de la madrugada en Carcarañá. La niebla encubre al colectivo que estaciona justo enfrente al edificio comunal. Apaga las luces y espera. En su interior, nueve ataúdes, igual cantidad de lápidas negras y el nacimiento de una leyenda urbana. Los empleados comunales

* Nota de Martín Perisset

Mayo de 1980. Son las seis y media de la madrugada en Carcarañá. La niebla encubre al colectivo que estaciona justo enfrente al edificio comunal. Apaga las luces y espera. En su interior, nueve ataúdes, igual cantidad de lápidas negras y el nacimiento de una leyenda urbana.

Los empleados comunales llegan a su trabajo. Observan con curiosidad al extraño colectivo. El chofer se baja con unos papeles en las manos y solicita hablar con la encargada del cementerio. Giogi Calcamuggi se acerca. Vilma Bras también “Traigo un regalo para ustedes, chicas. Suban”. Hay cajones, lápidas y placas. Nueve de cada uno. “Son para ser depositados en los nichos que el señor Aguirre compró hace unos días atrás.”

Efectivamente, en abril de ese mismo año, apareció en el pueblo una persona mayor, de baja estatura, pelado, que se presentó con el nombre de Pablo Silvestre Aguirre y que quería comprar once nichos, todos juntos.

Le comentan que en la Galería N, ingresando por la entrada principal, en la segunda galería a la izquierda, la que va hacia el panteón de la Sociedad Italiana, arriba a la izquierda, disponen de esa cantidad, uno al lado del otro. Compra esa línea de nichos superiores y confiesa que son para traer a todos sus familiares fallecidos, porque siempre fue deseo de la familia que su destino final sea Carcarañá, su lugar de origen, y que debido a que se les vencía el arrendamiento de un panteón de La Recoleta, Buenos Aires, entonces creía que era el momento de volver.

Unos días más tarde, llegan los féretros al cementerio, todos juntos, en un colectivo común, verde oscuro o gris oscuro, al que evidentemente le habían quitado los asientos para la ocasión. Los ataúdes son depositados detrás de lápidas negras, todas iguales, con las mismas placas dobles que incluyen la fecha de fallecimiento y la edad al momento de la defunción, sin fotos, sin floreros, sin nada. Todas personas relacionadas con un mismo apellido, Aguirre.

Al año siguiente, en mayo del 1981, aparece otro ataúd y otra lapida negra. El mismísimo Pablo Silvestre Aguirre, quien había hecho la compra el año anterior, había fallecido y su cuerpo era remitido a Carcarañá. Quedaba un nicho vacío en el cementerio y un colectivo negro en la memoria del pueblo.

Un par de años después, el país empieza a hablar de desapariciones, de genocidio. Las tumbas negras comienzan a llamar la atención. Nunca más nadie paso a dejarles una flor, a persignarse ante ellas. “Un apellido demasiado común que no se recuerda en Carcarañá.” Algunos empiezan a enhebrar la teoría de que eran “desaparecidos” por el proceso militar, que las autoridades locales habían participado inhumando restos. Otro “no tuvo mejor idea que ponerle todos escuditos y banderitas argentinas bajo las placas”. Fue el mismo que supuestamente le pidió al padre Alberto Pezzetta que vaya a darles santo responso porque “no descansaban tranquilos”.

Paso el tiempo y el mito seguía in-crescendo. El actual responsable de la oficina del Cementerio, Pablo Mingo, no recuerda con exactitud el año, “tal vez 2005 o 2006”, a raíz de una denuncia en el Juzgado Federal de la ciudad de Rosario, se abre una investigación para determinar si esos restos pertenecían a desaparecidos o no. El personal del cementerio es llamado a declarar, se realizan constataciones, “previo a eso y viendo que podían seguir la investigación, como no se encontraban las licencias de inhumación, que son las que autorizan a inhumar los restos y que certifican que esos restos provienen de algún lado y que son personas fallecidas con todo el respaldo legal, hago una consulta a la Dirección de Cementerio de Buenos Aires, ya que supuestamente venían de allá, le doy las fechas de fallecimiento y la fecha de traslado, que eran los únicos datos que tenía. Al tiempo, como medio año, o más, me comunican que esos restos nunca habrían salido de Buenos Aires. No sé si ha sido una mala búsqueda o una búsqueda errónea o si realmente no los encontraron, ya que acá, para ese momento, ya habían aparecido todas las licencias, documentación de respaldo y demás.”

“Traté de rastrear a algún familiar de estos Aguirre con los pocos datos que tenía: un domicilio en calle Córdoba de Buenos Aires, y otro en calle Santa Fe, desde el que se habían hecho los trámites del trasladó. Nunca nadie apareció, nunca nadie dio respuesta. Tenía un número de teléfono viejo; tampoco.

”Los investigadores de la justicia federal siguieron el caso, que “si mal no recuerdo estaba caratulado como “NN Petraco sobre averiguación de paradero o algo así”. El Ministerio del Interior, por su parte, desconocía el tema. La leyenda las lápidas negras volvió a resurgir.

Giogi Calcamuggi, aquella que los había recibido le dijo a Pablo: “Por gusto, si queres abrí una lápida -no se puede hacer sin autorización de los titulares-, fíjate los cofres que hay ahí adentro. Nunca vi cofres de tan buena calidad en Carcarañá.”

“En el año 2012 o 2013, me llama una persona, creo de apellido Goycoechea o Goricochea, de Tierra del Fuego, manifestando que era sobrina de Pablo Aguirre. Le comento que durante largos años estuvimos buscando a alguno de la familia Aguirre y el porqué”.

La señora le cuenta que “Pablo Aguirre era su tío”, que todos los Aguirre eran solteros y que el único casado era Pablo, que ninguno tuvo hijos, que ella era sobrina por la línea de la mujer de Pablo, que los Aguirre eran socios de los Berasain en un almacén de ramos generales y que se retiraron antes de que el negocio entrara en convocatoria de acreedores (año 1927), que luego ellos habían comprado campos en Oliva, provincia de Córdoba, y se habían asentado en Buenos Aires, que su tía, María Luisa Isusi, viuda de Pablo Aguirre, aún vivía en un geriátrico y que el deseo de ella era, cuando muriera, descansar al lado de su marido en Carcarañá, y que por ello llamaba, para confirmar que el nicho aún éste vacío, disponible para ella.

El 21 de noviembre de 2014, un nuevo llamado. Esta vez informando el deceso de María Luisa Isusi y que el cortejo fúnebre llegaría en un par de días desde Buenos Aires. Le pide a Pablo Mingo un favor: “si podía conseguir a alguien que le dé responso en el lugar final.” Se comunica con el padre Papaleo, contándole que era la ultima integrante de la familia Aguirre, aquellos fundadores del “Colegio de las Hermanas y uno de los principales impulsores para la construcción del templo parroquial”. El padre no podía, así que Celso Pighin fue quien dio la última oración ante las tumbas negras.

Entre los asistentes al cortejo, había varias personas, algunos empleados del campo en Córdoba. Con curiosidad repasaron los nombres de las lapidas y comentaban, “ese está en el cuadro colgado en la estancia”, “a éste lo conocí”, “a esta no”. Ellos solo sabían que los Aguirre fueron gente de renombre en Carcarañá, influyentes, que habían fundado un Colegio, pero no sabían habían participado activamente en la construcción de la Iglesia e, incluso, que Antonio María Aguirre había sido presidente de la comisión comunal entre 1902 y 1903. Si sabían que por cuestiones económicas, de negocios y por diferencias con Berasain, decidieron vender su parte en el almacén de ramos generales, que Juan Lardizabal (el último de la línea de nichos con lápidas negras, separado por una columna, pasando casi desapercibido), era cuñado de Antonio y que también tenía parte del campo. De la familia Lardizábal, en la Argentina, únicamente quedó él, el resto se fue a España y “vienen una o dos veces al año a buscar el dinero de las cosechas.”

Entrevista a Pablo Mingo, encargado de la oficina de cementerio de la ciudad de Carcarañá (año 2019)

LAS LAPIDAS NEGRAS dicen:María de los Ángeles Aguirre – F. 26/05/1924 a la edad de 16 años.Florentina Lardizábal de Aguirre – F. 01/01/1933 a la edad de 63 años.Antonio Eugenio Aguirre – F. 31/12/1937 a la edad de 45 años.Bernardino Vicente Aguirre – F.15/07/1945 a la edad de 48 años.Antonio María Aguirre – F. 28/08/1947 a la edad de 91 años.Josefa María Aguirre – F. 10/04/1965 a la edad de 70 años.María Concepción Aguirre – F. 26/06/1966 a la edad de 64 años.Raimundo Ignacio Aguirre – F. 28/01/1975 a la edad de 71 años.Pablo Silvestre Aguirre – F. 12/05/1981 a la edad de 71 años.María Luisa Isusi – F. 23/11/2014 a la edad de 92 años.Juan José Lardizábal – F.20/03/1945 a la edad de 17 años.

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