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«Soy un pibe trans y no tengo miedo de decirlo»

«Soy un pibe trans y no tengo miedo de decirlo»

El 18 de mayo, y por iniciativa de la Colectiva Roldán, se conmemoró en esa localidad el Día de la Lucha contra la Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género. En el Playón municipal hubo cuentos, pintura, baile y espíritu festivo, y también estuvo Emanuel, un pibe roldanense que tatúa, pinta y hoy cuenta

El 18 de mayo, y por iniciativa de la Colectiva Roldán, se conmemoró en esa localidad el Día de la Lucha contra la Discriminación por Orientación Sexual e Identidad de Género. En el Playón municipal hubo cuentos, pintura, baile y espíritu festivo, y también estuvo Emanuel, un pibe roldanense que tatúa, pinta y hoy cuenta cómo fue su transición.

A los 19 años, Emanuel se encontró con un video en Youtube que le cambiaría la vida. La historia de un adolescente trans que se expresa a través del arte y va abandonando gradualmente su apariencia femenina contra los deseos y la voluntad de la propia familia («No, tu mamá no lo entiende/y tu papá no lo entiende/el tío John no lo entiende/y no se lo podés decir a la abuela/porque su corazón no podrá soportarlo») fue un cimbronazo para Ema: «Ese video es muy especial. Cuando lo vi supe que eso era lo que me pasaba a mí», cuenta.

Emanuel tatúa y pinta, como el protagonista del video. Estudia Bellas Artes. «Siempre fue lo mío. La facultad me ayudó a hacer el cambio», afirma. «Ahí conocí una vida nueva y a un montón de gente. Me sentí integrado a la comunidad. Me empecé a encontrar. Un año después de anotarme en Bellas Artes ya me había cambiado el DNI y estaba en plena transición. Fue todo un combo, son cosas que también dependen de la voluntad propia, de que uno quiera buscar la felicidad. Yo estaba harto de quedarme en mi casa todo el día encerrado, de no salir nunca por no mostrarme, por miedo. Me hubiese gustado mostrarme siempre. Pero bueno, es todo un combo, es el miedo social, el día a día, el qué van a decir… Las cosas pasan cuando tienen que pasar».

«Siempre tuve miedo al rechazo»

Hasta los 20 años, Emanuel tuvo otro nombre y otro aspecto. Hoy recuerda su infancia cómo una época de libertad; jugaba al fútbol y «a todo», vivía con los botines puestos. «En mi casa siempre me permitieron todo eso», dice. Durante la adolescencia fue un estudiante «muy correcto» y responsable, no se llevaba materias. Era muy introvertido: «Nunca me mostré así como me ves hoy. En mi casa sí. Afuera no. ¿Por qué? Por miedo al rechazo. Siempre tuve miedo al rechazo. Y fue darme la cabeza contra la pared todos los santos días hasta descubrirme. Todo mi proceso lo hice después de la secundaria».

Los cambios se fueron dando de a poco. Primero fue el pelo: «Yo tenía el pelo muy largo, y un día me animé y fui a la peluquería con mi mamá. Llevé una foto de Pink, que es mi cantante favorita, la tengo tatuada, y dije “dejame el pelo así”. No fue solo un corte de pelo, fue parte de mi transformación y mi decisión».

Al terminar la secundaria, se anotó en Periodismo Deportivo. El proceso de cambio había comenzado, pero todavía era incipiente. Emanuel aún no aparecía, seguía mostrándose como una mujer. «En Periodismo Deportivo me encontré con un ambiente muy machista. Y como en ese momento me veían como una chica, decidí abandonar. Lo dejé a los tres meses. Mi mamá casi me mata». A partir de ahí arranca otra etapa, otra historia. Se anota en Bellas Artes, el proceso se acelera. En esa época también aparecería el video que lo animaría a abrirse, a contar lo que le pasaba.

Transicionan todos

Ema recuerda el día que decidió hablar con su mamá: «No sabía cómo decírselo y le mostré el mismo video que había encontrado en Youtube. Para mi mamá fue un shock… Obviamente yo ya le había hablado antes de mi orientación sexual, le dije que me gustaban las chicas y lo había tomado bien, pero claro, en mi cabeza separaba orientación sexual de identidad de género… Eso es muy fuerte. Hasta que pude sentirme cómodo conmigo mismo el proceso fue enorme». A su mamá también le llevó mucho tiempo asimilarlo. «Yo me acuerdo de que se lo dije llorando: “no quiero que me eches de mi casa”. Tenía un cagazo enorme… No es prejuicio de uno, es toda la sociedad, es un prejuicio totalmente social».

Con su papá, en cambio, la charla nunca se dio. Pero la reacción fue distinta: «Mi viejo tiene sesenta y pico de años y nunca me animé a hablarle pensando que no lo iba a entender, por la crianza de la época… Y sin embargo él ayudó a mi vieja a tomarlo con naturalidad… es impresionante. Mi viejo lo aceptó de un día para el otro… como si lo hubiera sabido siempre. Y hoy lo ves conmigo en todos lados».

Los padres nunca quieren que sus hijos sufran. Eso le explicaba el psicólogo a Emanuel. De ahí la resistencia. Pero su mamá llegó a aceptarlo. Un día le dijo «vos sos mi hijo; a mí me llevó tiempo pero lo entendí». «Es el tiempo de cada uno», afirma Ema. «No transiciono yo solo: transiciona mi hermano, mi papá ahora, toda la gente que me rodea y me quiere bien. Porque hay gente que se fue y no la juzgo. Perdí amigas y amigos que se distanciaron, no estuvieron listos para acompañar la transición. Yo no guardo rencores. Esa gente encontrará su camino por otro lado, y está bueno porque también es aprendizaje».

La Ley n.o 26.742 de Identidad de Género garantiza el acceso a las intervenciones quirúrgicas y a los tratamientos hormonales necesarios para adecuar el cuerpo al género autopercibido. El año pasado, cuando Ema ya había cambiado su DNI y se encontraba en pleno tratamiento con hormonas, falleció su mamá. «Si bien la muerte nos atraviesa a todos, para mí fue muy difícil porque yo tenía veinte años y estaba en pleno tratamiento. A esa edad tuve que ponerme la casa al hombro, con mi viejo y un hermano de catorce. También se me cruzó por la cabeza dejar la transición, porque a veces sentís culpa».

Ser un pibe trans en Roldán

A Ema no le gusta que lo elogien por lo que hizo: «A mí me da cosa que me feliciten y me hablen del valor y qué sé yo… Porque salir, dar el paso, no debería ser un acto de valentía». Asegura que él no cambió, que solo se animó a mostrarle a todo el mundo lo que siempre había sido. Pero dar ese paso en una comunidad chica exige sin duda una dosis de audacia mayor. «Acá nos conocemos todos, pero el día que yo decidí hacer mi transición no pensé “estoy en Roldán”. Mi mamá tenía ese miedo, me lo transmitía, son cosas que vienen a la cabeza porque uno no sabe qué va a pasar. Mi vieja me dijo “yo no me puedo mudar a Rosario”. Le dije que no quería que se mude. Al principio sabía que hablaban de mí y me enojaba, me hacía muy mal. Yo vivo mi vida, no la de los demás. Soy tatuador, trabajo en mi casa, tengo mi estudio ahí, voy a la facultad, no salgo mucho en el pueblo. Me ha pasado de estar esperando el colectivo y que me gritaran mi nombre anterior. Yo ya tenía el aspecto de hoy y fue horrible».

Ema mira a los ojos cuando habla, no titubea: «Yo soy un pibe trans y no tengo miedo de decirlo. Acá me conocen por lo que hago y porque quiero aportar algo. Quiero mostrar que todo lo que hago sirve, aunque sea una mínima pintura… Es muy fuerte para mí pararme hoy con 21 años y ver todo lo que hice. También sé que soy un afortunado, mi familia se quedó acá conmigo y las personas que me conocen desde la secundaria me tratan como el hombre que soy. Otros chicos pierden amigos, pierden a la propia familia, los echan de la casa…».

Poner el cuerpo

En tiempos de redes sociales, la virtualidad nos ofrece un refugio, nos pone a resguardo, nos protege del otro, nos permite mostrar lo que queremos y ocultar aquello que no queremos que se vea. Para una persona trans, en cambio, eso de “poner el cuerpo” es casi una necesidad imperiosa, una decisión personal y una manifestación política. Emanuel lo sabe bien, pero entiende también que todos estamos atravesados por el deseo y que asumirlo es siempre una cuestión de voluntad: «Hay días que me tiro en la cama y no tengo ganas de hablar con nadie, pero yo elijo levantarme y hacer algo de mi vida. Nos pasa a todos, no es porque yo sea un pibe trans. Si uno quiere vivir, pero vivir bien, haciendo lo que le gusta, lo que sea, tiene que haber voluntad. Así como yo tuve la voluntad de mostrarle a mi mamá un video y decirle “me pasa esto”, hay que tener la voluntad de salir cada día y ver qué pasa. El futuro es incierto, pero si no te animás, ¿qué te queda?».

Foto: María Celeste Catraro

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3 Comentarios

  • Lelia
    20 mayo, 2019, 2:58 pm

    Gracias por tu nota Julieta Bielsa. Hermosa la experiencia de Emanuel que nos has compartido.

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  • Alejandra
    20 mayo, 2019, 7:07 pm

    Qué historia de valentía, fuerza, coraje e inspiración. Cuánto tenemos por aprender cada día. La historia de Emanuel inspira a vivir la vida y aunque el futuro siempre es incierto, lo más valiente es animarse a seguir adelante y eso es una gran victoria!! Muchas gracias Julieta por compartirnos esta gran historia de vida.

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  • […] además, el fruto del trabajo y la organización del colectivo trans que, desde la iniciativa de Emanuel Paiva a nivel local y el acompañamiento de Varones Trans Santa Fe, supo hacer de la visibilidad una […]

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